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El blog de vendedoresambulantescali

DON PACHO: TODA UNA VIDA EN EL REBUSQUE

8 Agosto 2013 , Escrito por vendedoresambulantescali Etiquetado en #derecho al trabajo

 

pacho

 

A mí siempre me ha gustado mucho trabajar y he hecho casi de todo. He volteado de arriero, en rastrojos, en minas de carbón, y haciendo casi de todo en el campo. A mí nunca me ha gustado quedarme quieto. Por falta de trabajo me tuve que venir de Santa Bárbara, donde trabajé dos años en minas de carbón; en ese tiempo tenía 18 años. Con mi padre estuve volteando en una finca en Floresta, ubicada en Fredonia, hasta que se murió, en el 61. Ya en el 70 me vine para Medellín con mi madre y con mis hermanos: una niña de tres años, otro niño de dos y la menor, de un año. Asumí la responsabilidad de criarlos cuando falleció mi padre.

Yo me aburrí en Fredonia porque había poco trabajo, las minas de carbón estaban muy acabadas. Por suerte, un hermano me invitó a Medellín a trabajar; él tenía un plante con el que nos organizaríamos, por lo que se vino 20 días antes que yo. La sorpresa fue que cuando vine a Medellín ya se lo había gastado en juego y tomando alcohol. Al llegar acá no pedí trabajo en ningún lado; porque a uno forastero ¿quién le va a dar trabajo? Yo quería trabajar de cuenta mía, entonces me puse a vender cigarrillos en una cajita muy pequeña, y poco a poco me fui planteando. Con 160 pesos de una liquidación que me habían dado por allá comencé a surtir la chaza. Cuando me estaba yendo muy bien, lo que le sacaba al negocio lo iba ahorrando en una financiera que había en el edificio Furatena. Y así empecé a construir mi casa en Manrique Oriental, en un solar del cual había pagado la mitad del precio: 50 mil pesos. Allí me establecí con mi familia.

Tengo 2 hijas y un hijo; la mayor, María Hilaria Mejía, vive en el segundo piso de mi casa y trabaja por temporadas en modistería; tiene 2 hijas, una de 15 y otra de 18. La otra, Silvia, vive en El Salvador y hace rato que está desempleada. Ella trabajó 15 años en una empresa, pero se salió o la sacaron, no recuerdo; Mi hijo, el menor vive conmigo, trabaja por días en una discoteca. También vive conmigo un hijastro que depende de mí, pues tiene 52 años y está muy enfermo; le dio derrame cerebral y quedó con problemas para moverse, se cae muy fácil.

El barrio en que vivo estuvo muy violento en los 90, se agarraban a cualquier hora con la banda del barrio vecino. A veces se ponía tan crítica la situación que me tocaba esperar a que se calmara para poder subir, entonces me tocaba llamar a ver como estaba la situación. 
Mis hijas saben que yo no dejaría mi trabajo, por eso no me dicen que me quede con ellas. Una vez que estuve enfermo y me operaron de la próstata, me quedé como tres meses con una de ellas en su casa. Me trataron muy bien, y ya cuando estuve mejor me decían que no tenía afán, y que me quedara más tiempo. Por eso me quedé un mes más. Pero después volví a trabajar, pues yo no sirvo para vivir de valde.

La acera de las afueras del Furatena era mi lugar y nunca deje de vender aquí. Luego de tener tiempo en la chaza, pedí la licencia de vendedor ambulante y me la dieron. Pero, en el año 2000 el espacio público me quito la chaza por vencimiento de la licencia. Antes me habían reubicado en el pasaje de Maturín con Carabobo, pero allí trabajé solo un día, pues allá no se ganaba uno nada: en el día apenas vendí el valor de $6.000, por eso al otro día volví a donde estaba. Como no tenia donde colocar los cigarrillos, porque el Espacio Público me la quito, me hice un cajón pequeño y lo amarré con una riata, de modo que me lo pudiera poner en el hombro. Me quedé vendiendo al frente de donde antes tenía la chaza, y cuando venía la policía o el Espacio Público, me retiraba, y luego volvía. Cuidaba mucho mi puesto para que no me lo fueran a quitar; hasta que poco a poco lo armé otra vez allí mismo.

Y es que aquí todo el vecindario de las afueras del edificio Furatena me estima mucho, los vecinos en los negocios me prestan el baño, y otros me cuidan la chaza cuando tengo que ir. También me regalan gaseosita y están muy pendientes de mí. Por eso aquí llevo mucho tiempo trabajando, y lo haré hasta que tenga fuerzas. Menos mal todavía me siento muy entero.

Pero hay que reconocer que hoy las cosas no son las mismas a cuando empecé. La vida hoy está muy dura. La economía está muy mal, antes uno mercaba con 20 pesos, allá donde vivíamos; salía con mi señora a mercar al pueblo en Santa Bárbara y con 5 pesos compraba la carne que se me antojara. Acá en Medellín, para construir, compraba los adobes a 2.50 pesos, y así de a poquito iba construyendo. Así logré ponerle un segundo piso a mi casa. Pero es que, además, unos años atrás mi chaza era más grande y con muchas cosas más, me iba muy bien gracias a Dios; pero con el tiempo se ha llenado esto de desplazados, que venden lo mismo, si alguien va a comprar unos cigarrillos puede hacerlo en cualquier esquina, hasta los emboladores le venden; entonces no se hace uno mayor cosa.

Por eso, hace por ahí 4 o 5 años inicié con el reciclaje, porque la chaza no me daba lo que me daba primero. Aprovecho que los negocios de los alrededores me regalan cartoncito; aunque el reciclaje no deja mucho, pero algo es algo. Por ejemplo, para ganarse 17.000 pesos se necesitan más de 100 kilos, que son muy difíciles de conseguir. Lo mucho que me hago en un día son por ahí 50 kilos; ahorita en la mañana he recogido 23 kilos, por los que me darán por ahí 3.900 pesos. Unos años atrás el cartón lo pagaban como a 300 pesos por kilo, ya sólo dan 125 pesos.

Además, parece que soplan vientos oscuros. Por ahí me dijo una señora de Espacio Público que tenía que hacer memorial; es decir, una solicitud para que me volvieran a dar licencia. Ya he llevado dos solicitudes, pero las han votado, ellos dicen que no las encuentran. Y por ahí he escuchado que lo que pasa es que a todos los vendedores ambulantes nos van a sacar de este sector. Ojalá que no, porque en otra parte yo ya no sería capaz de trabajar: ya tengo más de 70 años y no tengo fuerza para lidiar con todos los ladrones; eso sería como matarme, porque aquí todos los vecinos me cuidan, pero en otra parte donde nadie lo conoce a uno, no van a hacer lo mismo. Y yo nunca pude cotizar para pensionarme, así que el único sueño que he tenido es que no me falte el trabajito, desde joven solo he pensado en trabajar y nada más.

 

http://www.periferiaprensa.org/index.php/edicion-actual/1194-don-pacho-toda-una-vida-en-el-rebusque

 

 

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